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    <title>El Marplatense</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Mar del Plata</subtitle>
    <updated>2026-09-27T19:01:09+00:00</updated>
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            El Rincón Marplatense: 835 falsas orcas y una muerte masiva que aún es un misterio
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                <![CDATA[El Rincón Marplatense]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vhVOTcZrgWt9Zp6cb_IRQ4rWXe8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/orcas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 10 de octubre de 1946, Mar del Plata fue escenario de un fenómeno que, ocho décadas después, continúa rodeado de interrogantes: 835 falsas orcas arribaron a las costas de la ciudad y terminaron muriendo en la arena.</p><p>Los primeros ejemplares sorprendieron a quienes caminaban por la costa durante una jornada cálida de primavera. Lo que inicialmente podía interpretarse como la desorientación de algunos animales pronto adquirió otra dimensión: los cetáceos continuaron llegando en grupos numerosos y compactos, sin realizar movimientos para regresar al agua.</p><p>La mayor concentración se produjo en Playa Bristol, la Popular y frente al Casino, aunque también aparecieron ejemplares, en menor cantidad, en Punta Mogotes, El Torreón, Camet y la franja costera hasta Chapadmalal.</p><p>Durante aquella misma noche comenzó una agonía que se prolongó hasta la jornada siguiente. La escena generó conmoción entre quienes se acercaron a observar el fenómeno y obligó a desplegar un operativo para intentar salvar a los animales.</p><p>La Prefectura Naval dispuso devolver los cetáceos mar adentro mediante lanchas, trasladándolos hasta más de tres millas de la costa. Sin embargo, el episodio continuó.</p><p>Entre quienes intentaron encontrar una explicación estuvo Carlos Marelli, entonces director del Jardín Zoológico de La Plata, quien clasificó a los animales como “falsas orcas”, una especie de cetáceo conocida por desplazarse en grupos.</p><p>También estudió el fenómeno el capitán de fragata Teodoro Caillet Bois, quien publicó un trabajo sobre aquellos animales. Según se relata, los ejemplares medían entre cinco y seis metros de largo y pesaban alrededor de 500 kilos.</p><p>Las autopsias practicadas a algunos de ellos profundizaron el misterio. No se encontraron alimentos en sus estómagos y sus órganos internos presentaban un estado normal, por lo que se descartó una posible intoxicación. También se planteó que el hambre podría haber provocado el comportamiento, aunque esta hipótesis fue cuestionada debido a la riqueza ictícola de la plataforma marina cercana.</p><p>Otra de las versiones que circuló sostenía que los ejemplares eran hembras que habían seguido a un macho hasta la costa. Sin embargo, tampoco permitió explicar de manera concluyente la magnitud del episodio.</p><p>¿Qué llevó entonces a 835 falsas orcas a llegar a las playas marplatenses y dejarse morir? Las distintas explicaciones formuladas en aquel momento no consiguieron resolver el interrogante. Aquel extraño episodio del 10 de octubre de 1946 quedó así registrado como uno de los grandes misterios de la historia de Mar del Plata.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vhVOTcZrgWt9Zp6cb_IRQ4rWXe8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/orcas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ocurrió en octubre de 1946 y se convirtió en uno de los episodios más extraños registrados en las costas de la ciudad. Cientos de cetáceos aparecieron en las playas y, pese a los intentos por devolverlos al mar, terminaron muriendo. Las causas nunca pudieron determinarse con certeza.]]>
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                                <updated>2026-09-27T19:01:09+00:00</updated>
                <published>2026-09-27T19:01:16+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: La noche en que Ramones sacudió Mar del Plata
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                <![CDATA[Evelyn Marzoa]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mhh7jvVtWG1weR3sIlb0uqTZX08=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/ramones.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este 2026 marcó un aniversario fundamental para la historia del punk: se cumplieron 50 años del lanzamiento de Ramones, el álbum debut con el que la banda irrumpió en 1976 y comenzó a transformar para siempre las reglas del rock. Medio siglo después de aquel disco, Mar del Plata conserva su propio capítulo dentro de la historia del mítico grupo de Queens.</p><p>Para encontrarlo hay que retroceder hasta 1994, otro año especial para la banda: se cumplían dos décadas de su nacimiento y Ramones protagonizó un hecho sin precedentes en Argentina al realizar dos giras por el país en un mismo año.</p><p>Tras llenar el estadio de Vélez en mayo junto a Motörhead, la banda regresó en noviembre en el marco del Acid Chaos Tour, presentando Acid Eaters, su álbum de covers. Aquella gira sudamericana incluyó destinos inéditos en el interior argentino, como Rosario, Bahía Blanca y, por supuesto, Mar del Plata.</p><p>El 17 de noviembre de 1994, La Feliz vivió una noche consagratoria. Después de presentarse el día anterior en Rosario, la banda enfrentó serios contratiempos logísticos: el cierre del aeropuerto los obligó a viajar por ruta en micro y llegaron a Mar del Plata con el tiempo justo para una breve prueba de sonido de Marky Ramone.</p><p>El fervor de los seguidores ya se hacía sentir. Joey ingresó al recinto protegido e incógnito bajo alfombras para evitar la multitud que esperaba a los músicos.</p><p>Pese a los imprevistos, Go! Disco lucía colmado por miles de fanáticos marplatenses, seguidores provenientes de distintos puntos de la región y otros que habían viajado desde Buenos Aires especialmente para verlos.</p><p>“¡Hola, Mar del Plata!”, lanzó Joey antes de dar paso al mítico “One, Two, Three, Four!” de C.J., que antecedió a uno de los grandes himnos de la banda: Blitzkrieg Bop.</p><p>Mar del Plata tuvo así su propia comunión ramonera al ritmo del “Hey Ho, Let's Go!” original, en un recital demoledor que quedó inmortalizado por las cámaras del programa de cable local Viva la Pepa, conducido por Adrián Mena.</p><p>Tras el histórico show, la banda recibió a la prensa local y los camarines de la discoteca se transformaron en improvisadas salas de entrevistas individuales. Allí se produjo uno de los momentos más significativos de aquella visita.</p><p>En un mano a mano con el periodista Marcelo Gobello, amigo personal de integrantes de la banda y autor de tres libros sobre Ramones, Johnny Ramone entregó una primicia de alcance mundial: “Nos retiramos. No nos separamos, nos retiramos como campeones. El próximo será el último año de los Ramones”.</p>Marcelo Gobello en el camarín con Johnny Ramone.<p>La declaración dio la vuelta al mundo y se convirtió en una de las revelaciones más impactantes de la etapa final de la agrupación, anticipando el principio del fin de una de las bandas fundamentales de la historia del punk.</p><p>Originalmente, la agenda establecía que Ramones debía partir inmediatamente hacia Bahía Blanca. Sin embargo, tras una recomendación de Gobello para que disfrutaran de los atractivos locales, el grupo decidió permanecer durante todo el 18 de noviembre en Mar del Plata.</p><p>Alojados en el céntrico Hotel República, sobre la calle Córdoba, los músicos vivieron una jornada muy diferente a la intensidad del escenario.</p><p>Marky Ramone recorrió la peatonal San Martín ante la mirada incrédula de quienes se cruzaban con ellos. Johnny Ramone, por su parte, recorrió librerías de la ciudad en busca de volúmenes de colección relacionados con el cine.</p><p>Mientras tanto, en las instalaciones del hotel, C.J. y Joey Ramone realizaban hidroterapia en la piscina. Joey lo hacía con una remera puesta sobre su espigado cuerpo de casi dos metros, mientras C.J. dejaba ver sus característicos tatuajes.</p><p>Por la noche, Johnny, Marky, Gobello y representantes de la producción local (Pablo Baldini, quién fue el productor que llevó al grupo a la ciudad) cenaron en un emblemático restaurante de Playa Chica, hoy desaparecido.</p><p>Allí dejaron ver una particular costumbre gastronómica: pedían dos platos variados por persona y luego compartían toda la comida sobre la mesa.</p><p>El paso de Ramones por Mar del Plata no solo dejó una huella entre quienes tuvieron la oportunidad de presenciar aquel recital, sino que también consolidó la amistad de los músicos con Gobello.</p>Gobello con Joey Ramone.<p>Al año siguiente, en agosto de 1995, Joey y Marky lo invitaron a Nueva York, donde convivió con ellos y pudo presenciar ensayos, grabaciones y shows privados.</p><p>De aquella experiencia nació Too Tough to Die (Demasiado duros para morir), libro de autoría de Gobello editado tanto en Argentina como en Europa y dedicado a reconstruir la historia y el universo de la legendaria banda.</p><p>A medio siglo del disco que inició la historia de Ramones, el eco del “One, Two, Three, Four” todavía permanece en la memoria del rock marplatense. Fue la noche en que cuatro muchachos de Queens hicieron vibrar La Feliz y dejaron en la ciudad una de las páginas más recordadas de la historia local del punk.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mhh7jvVtWG1weR3sIlb0uqTZX08=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/ramones.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En el año en que se cumplen 50 años del lanzamiento del álbum debut de Ramones, la historia vuelve a una jornada inolvidable para el rock local: en noviembre de 1994, los monarcas del punk neoyorquino desembarcaron en La Feliz para dar un show demoledor en Go! Disco y protagonizar una visita que dejó una huella imborrable en la ciudad.]]>
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                                <updated>2026-09-20T19:00:02+00:00</updated>
                <published>2026-09-20T19:00:00+00:00</published>
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            A 71 años del bombardeo de Mar del Plata: los objetivos atacados y las huellas que dejó en la ciudad
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                <![CDATA[El Marplatense]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A2GtvUKbuh3p59pXXScXw2LwhqE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/bombardeo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 19 de septiembre de 1955, Mar del Plata fue escenario de uno de los episodios más significativos del golpe de Estado que terminó con el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Durante esa jornada, unidades de la Marina de Guerra atacaron desde el mar distintos objetivos estratégicos de la ciudad, entre ellos los depósitos de combustible de YPF, la Escuela de Artillería Antiaérea de Camet y posiciones militares ubicadas en diferentes sectores urbanos.</p><p>La operación comenzó durante las primeras horas de la mañana y estuvo encabezada por el crucero ARA 9 de Julio, acompañado por destructores de la Flota de Mar. También participó un avión naval Martin Mariner, que realizó un primer intento de ataque contra los depósitos de YPF.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>La acción militar se produjo luego de que la Marina exigiera la rendición de las fuerzas que permanecían bajo control del gobierno nacional. Durante la madrugada, las autoridades militares locales habían informado sobre la posibilidad de un ataque y se dispuso la evacuación de parte de la población ubicada en la zona costera.</p><p>Uno de los principales objetivos fueron los tanques de combustible de YPF ubicados en el puerto, el primer ataque fue realizado por un avión naval alrededor de las 6.40, aunque las bombas no lograron destruir los depósitos.</p><p>Poco después intervino el ARA 9 de Julio, que abrió fuego desde el mar contra las instalaciones. De acuerdo con la reconstrucción realizada, el crucero disparó 68 proyectiles de seis pulgadas y nueve de los once tanques de combustible quedaron destruidos. La documentación militar consultada por investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata también registra el operativo y permite reconstruir los movimientos de los buques y los puntos alcanzados por los disparos. El incendio de los depósitos generó una importante columna de humo visible desde distintos sectores de la ciudad y provocó daños en instalaciones cercanas.</p><p>El bombardeo no se concentró exclusivamente en el puerto, sino que los buques también efectuaron disparos contra posiciones ocupadas por efectivos del Ejército. Entre los sectores señalados en las investigaciones históricas aparecen la zona del Golf Club, la rotonda de la Explanada y las inmediaciones de Juan B. Justo y Tucumán, donde se encontraban tropas y vehículos militares.</p><p>Otro de los principales objetivos fue la Escuela de Artillería Antiaérea de Camet. Cerca de las 11:20 hs., los destructores ARA San Juan, ARA San Luis y ARA Entre Ríos realizaron un ataque de aproximadamente doce minutos. El objetivo era neutralizar las instalaciones utilizadas para detectar y responder a los ataques aéreos, entre los elementos alcanzados estuvieron la antena del radar y el tanque de agua de la unidad militar.</p><p>Los efectos del bombardeo también quedaron registrados fuera de las instalaciones militares, a partir de testimonios de vecinos y fotografías históricas identificaron daños en diferentes puntos de la ciudad. Entre ellos aparecen sectores de Martínez de Hoz, 12 de Octubre y Elcano, Arenales entre O’Higgins y Juan B. Justo, Juan B. Justo y Magallanes.</p><p>Los testimonios reunidos por el proyecto de investigación incluyen relatos de personas que eran niños en 1955 y que décadas después describieron la caída de proyectiles, los daños en viviendas y la evacuación de sus familias. Uno de los testimonios señala que una bomba cayó sobre Martínez de Hoz, cerca de la Usina, mientras que otros vecinos recordaron explosiones y daños en las inmediaciones de 12 de Octubre y Elcano.</p><p>También fueron registrados daños en una vivienda ubicada en Elcano al 3400. Las fotografías conservadas en archivos locales permiten identificar las consecuencias materiales del ataque.</p><p>Antes de los bombardeos, las autoridades militares habían dispuesto la evacuación de la franja costera comprendida entre Playa Grande y la Bristol, con el objetivo de reducir la presencia de civiles en las zonas que podían convertirse en objetivos militares.</p><p>La medida no alcanzó a toda la población y muchos vecinos abandonaron sus viviendas durante el desarrollo del ataque. Los testimonios recopilados por la investigación de la UNMdP describen desplazamientos hacia sectores periféricos de la ciudad y la búsqueda de refugio en casas de familiares. La situación también generó temor en otros puntos de Mar del Plata, la estación ferroviaria fue mencionada entre los lugares sobre los que circularon versiones acerca de posibles nuevos ataques, lo que llevó a algunas familias a alejarse de la zona urbana.</p><p>La cantidad de víctimas civiles continúa siendo un aspecto discutido en las reconstrucciones históricas, la versión oficial de la época sostuvo que no hubo muertos civiles durante el ataque a los depósitos de YPF. Investigaciones posteriores documentaron personas heridas y daños materiales en viviendas y comercios, pero no permite establecer una cifra única y definitiva de víctimas fatales civiles.</p><p>Entre las muertes documentadas se encuentra la del cabo principal maquinista Miguel Ángel Spera, integrante de la tripulación del ARA 9 de Julio, Spera fue asesinado a bordo del buque el 18 de septiembre, luego de negarse a participar de las maniobras vinculadas con el ataque.</p><p>El ataque se produjo en las horas decisivas del levantamiento militar contra Perón. Durante ese mismo 19 de septiembre se sucedieron comunicaciones políticas y militares que terminaron con la pérdida del control del gobierno. En Mar del Plata, después de los bombardeos, las fuerzas de la Marina asumieron el control de diferentes estructuras de la ciudad.</p><p>El capitán de corbeta Juan Miguel Biset quedó a cargo de la administración comunal como delegado militar, mientras que el capitán de fragata Carlos López asumió responsabilidades vinculadas con el comando militar local. La jornada también estuvo acompañada por manifestaciones y movimientos de personas en distintos puntos de la ciudad.</p><p>A más de siete décadas del ataque, la reconstrucción de lo ocurrido depende de documentos de distintas procedencias: partes militares, archivos estatales, fotografías, expedientes municipales y testimonios de vecinos.</p><p>La investigación desarrollada por el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNMdP, junto con el Archivo de la Imagen y la Palabra del Centro de Estudios Históricos, reunió cuarenta testimonios de personas que vivieron los acontecimientos durante su infancia y el trabajo también incorporó material fotográfico para reconstruir los lugares afectados.</p><p>Los documentos permiten ubicar los principales objetivos militares, pero también muestran otra dimensión que son los efectos sobre la población civil. Las explosiones no quedaron restringidas a los depósitos de YPF ni a las instalaciones de Camet, sino que también evacuaciones, los daños en viviendas y la incertidumbre atravesaron diferentes barrios.</p><p>El 19 de septiembre de 1955 dejó así una huella en la geografía de Mar del Plata, los tanques de YPF, la zona portuaria, Camet, el Golf Club, Juan B. Justo, Martínez de Hoz, Elcano, Arenales y otros sectores aparecen vinculados en documentos, fotografías y testimonios que permiten reconstruir, con mayor precisión, cómo un conflicto político y militar de alcance nacional se trasladó durante horas a las calles de la ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A2GtvUKbuh3p59pXXScXw2LwhqE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/bombardeo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 19 de septiembre de 1955, buques de la Marina de Guerra bombardearon instalaciones militares y los depósitos de combustible de YPF durante el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón. El ataque provocó daños en distintos sectores de Mar del Plata y obligó a miles de vecinos a abandonar sus viviendas.]]>
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                                <updated>2026-09-20T00:42:13+00:00</updated>
                <published>2026-09-20T00:38:58+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: históricos hallazgos que emergieron de la arena a lo largo de los años
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                <![CDATA[Evelyn Marzoa]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pxQnFvp3fLF65d0uSZVDKmcga2s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/tesoro_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las playas de Mar del Plata esconden mucho más que caracoles debajo de la arena. Décadas de actividad turística, el movimiento permanente del mar y la erosión de los acantilados hicieron que, con el paso de los años, salieran a la luz objetos de todo tipo: monedas, anillos, cadenas, piezas curiosas y restos de animales que habitaron la región hace millones de años.</p><p>La multitudinaria reunión de detectoristas realizada este fin de semana en Playa Grande, que convocó a más de 300 participantes de distintos puntos de Argentina y Uruguay, volvió a poner el foco sobre aquello que permanece oculto bajo la superficie y despertó una pregunta inevitable: ¿cuáles fueron algunos de los hallazgos más sorprendentes registrados en la historia de Mar del Plata y su costa?</p><p>Uno de los casos documentados corresponde a un detectorista marplatense que en 2023 contó uno de sus descubrimientos más particulares. Mientras realizaba una búsqueda en la zona del Espigón de Pescadores encontró un recipiente que contenía collares de perlas, anillos de plata y cadenas bañadas en oro.</p><p>El hallazgo despertó una particular incógnita. El buscador consideró que los elementos podrían haber sido depositados en el mar junto con las cenizas de una persona, aunque nunca pudo determinarse con certeza cuál era el origen de las piezas.</p><p>Los anillos de oro también aparecen entre los objetos de mayor valor encontrados en las playas. El mismo detectorista relató haber localizado piezas de varios gramos y explicó que el sector próximo al agua suele ser uno de los puntos elegidos para realizar las búsquedas.</p><p>La explicación está relacionada con la propia dinámica de una jornada de playa: las personas pueden perder anillos, cadenas, pulseras, monedas y otros objetos pequeños sin advertirlo, mientras que el movimiento de las olas y de la arena termina por enterrarlos.</p><p>No todos los descubrimientos, sin embargo, son valiosos. Entre los elementos encontrados por los aficionados aparecen también llaves, monedas contemporáneas, latas y numerosos residuos metálicos. Incluso se registraron objetos tan inesperados como una dentadura postiza.</p><p>La búsqueda de tesoros en las playas marplatenses está lejos de ser una actividad reciente. Ya a comienzos de este siglo se documentaba la presencia de personas que esperaban la caída del sol para recorrer la costa con detectores y pequeñas palas en busca de monedas, anillos y piezas de oro perdidas durante las temporadas de verano.</p><p>Para quienes practican esta actividad, los temporales pueden convertirse en aliados inesperados. El oleaje y las fuertes mareas modifican el perfil de las playas, retiran importantes cantidades de arena de determinados sectores y pueden dejar expuestas capas que permanecieron enterradas durante años.</p><p>Existe además una particularidad en las playas céntricas. A fines de la década de 1990 se realizó el histórico refulado, una gigantesca obra mediante la cual se incorporó arena para recuperar superficie costera. Aquella intervención cambió profundamente la fisonomía de sectores emblemáticos y también sepultó bajo nuevas capas elementos que hasta entonces se encontraban mucho más cerca de la superficie.</p><p>Por eso, después de fuertes sudestadas, los buscadores suelen prestar especial atención a los sectores donde el mar retiró arena: debajo pueden aparecer objetos que permanecieron ocultos durante décadas.</p><p>Pero no todos los tesoros marplatenses surgieron de un detector de metales. La ciudad también fue escenario de la recuperación de objetos históricos cuyo interés trasciende ampliamente su precio.</p><p>Uno de los casos más singulares ocurrió en 2021, cuando la Policía Federal recuperó en una vivienda de Mar del Plata un antiguo cañón naval inglés de mediados del siglo XIX.</p>cañón de carga naval inglés de mediados del siglo XIX.<p>La pieza estaba siendo ofrecida para la venta y fue localizada después de una investigación que se había iniciado a partir de una denuncia efectuada en España. Los especialistas determinaron que poseía un importante valor patrimonial y cultural y el procedimiento quedó bajo intervención de la Justicia Federal de Mar del Plata. Si bien el cañón no fue encontrado debajo de la arena, constituye una de las piezas antiguas más llamativas recuperadas en la ciudad.</p><p>Sin embargo, para encontrar los auténticos gigantes ocultos en el suelo marplatense hay que retroceder muchísimo más en el tiempo.</p><p>La costa de Mar del Plata y sus alrededores es reconocida por la riqueza paleontológica de sus acantilados. Allí, la erosión provocada por el viento, las precipitaciones y el mar deja progresivamente al descubierto sedimentos antiguos y, en ocasiones, restos de animales que vivieron en la región mucho antes de la aparición del ser humano moderno.</p><p>En 2024, Patricia Salicio caminaba por las playas acantiladas frente al GADA 601 cuando observó restos que llamaron su atención. El descubrimiento terminó revelando la presencia de tres perezosos terrestres gigantes de la especie Scelidotherium leptocephalum.</p>perezoso gigante<p>Los restos estaban asociados a una antigua paleocueva, una circunstancia que convirtió al hallazgo en un registro particularmente interesante para los especialistas. Estos animales eran muy diferentes de los pequeños perezosos actuales y formaron parte de la megafauna que habitó Sudamérica durante la prehistoria.</p><p>Ese mismo año se produjo otro descubrimiento extraordinario, esta vez en las playas de Santa Isabel. Un niño de apenas cuatro años que caminaba junto a familiares observó huesos que sobresalían del terreno.</p><p>Los especialistas determinaron que pertenecían a un Glossotherium robustum, otra especie de perezoso terrestre gigante que habitó la región durante el Pleistoceno.</p><p>Entre los restos recuperados apareció un impresionante cráneo de aproximadamente 55 centímetros, además de dientes, costillas y otras partes del esqueleto. El ejemplar pasó a integrar la colección paleontológica del Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia y llamó especialmente la atención por sus dimensiones.</p><p>Chapadmalal también guarda bajo sus barrancas una historia que se remonta millones de años. En 2023, una nena de nueve años que recorría la playa junto a su familia descubrió restos que posteriormente fueron identificados como pertenecientes a dos gliptodontes.</p><p>La antigüedad estimada de aquellos fósiles fue situada entre 2,5 y 3 millones de años, convirtiendo una simple caminata por la costa en el punto de partida de un importante descubrimiento paleontológico.</p><p>Los gliptodontes fueron grandes mamíferos acorazados emparentados con los actuales armadillos. Su presencia está ampliamente registrada en la región pampeana y sus restos forman parte de la extraordinaria riqueza fósil preservada en los acantilados bonaerenses.</p><p>Desde anillos de oro, collares de perlas, cadenas, monedas y una insólita dentadura postiza, hasta un cañón inglés del siglo XIX, cráneos de enormes perezosos terrestres y restos de gliptodontes de millones de años, los hallazgos registrados en la ciudad muestran que no todos los tesoros tienen el mismo valor.</p><p>Algunos pueden cotizarse por el metal con el que fueron fabricados. Otros valen por la historia personal que probablemente tuvieron detrás. Y existen aquellos cuyo verdadero tesoro es la información que ofrecen sobre un pasado remoto.</p><p>La costa marplatense funciona, de alguna manera, como un enorme archivo del tiempo. Cada temporal que remueve la arena y cada fragmento de acantilado que queda expuesto abre una nueva posibilidad: que otro pedazo de la historia vuelva a salir a la superficie.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pxQnFvp3fLF65d0uSZVDKmcga2s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/tesoro_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Joyas, monedas, objetos insólitos y fósiles de millones de años fueron descubiertos en distintos puntos de la costa marplatense. A ellos se suman piezas históricas recuperadas en la ciudad que permiten reconstruir pequeños fragmentos de su pasado.]]>
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                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-09-13T21:41:18+00:00</updated>
                <published>2026-09-13T21:41:26+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: la historia detrás de los nombres de los barrios de la ciudad
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                <![CDATA[Evelyn Marzoa]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vSU6e9JVEzEfq4Vvsty9OYB4h-A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/chauvin.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los pronunciamos todos los días y forman parte de la identidad marplatense. Sin embargo, detrás de algunos de los barrios más conocidos existe una historia que no siempre es recordada. Hoteles que desaparecieron, accidentes geográficos, apellidos de antiguos propietarios y hasta una pequeña capilla construida antes de la fundación dejaron palabras que, más de un siglo después en algunos casos, continúan apareciendo en el mapa.</p><p>Uno de los ejemplos más interesantes es La Perla. El nombre no nació con el barrio: comenzó a instalarse cuando aquel sector costero todavía era conocido como la Sección Norte y Mar del Plata daba sus primeros pasos como destino balneario.</p><p>Durante la temporada de 1886-1887 ya funcionaba allí el balneario La Estrella Argentina y poco después se sumó San Sebastián Argentino. Pero la denominación que terminaría identificando definitivamente a la zona apareció con un establecimiento que se convirtió en una referencia de aquellas playas.</p><p>El empresario Alfredo Martínez Vivot impulsó debajo de la barranca un gran hotel de madera llamado La Perla, inaugurado en 1892. Su construcción era especialmente llamativa porque avanzaba sobre el mar, en un sector que por entonces tenía una fisonomía muy diferente a la actual.</p><p>La elección del diseño y del nombre tiene una conexión documentada con Europa. Una investigación académica sobre la formación de la Playa Norte recoge el testimonio del nieto de Martínez Vivot, quien relató que su abuelo había realizado un boceto durante una estadía en Biarritz, Francia, inspirado en un moderno hotel de aquella ciudad balnearia que avanzaba sobre el mar y que también se llamaba La Perla.</p><p>La influencia francesa no resulta extraña en aquella Mar del Plata. Las ciudades balnearias europeas eran una referencia para el desarrollo turístico local y Biarritz, en particular, ejerció una importante influencia sobre la forma en que comenzó a imaginarse la villa de veraneo argentina.</p><p>El hotel marplatense alcanzó tal notoriedad que su nombre dejó de designar únicamente al establecimiento. Las playas comenzaron a ser identificadas como La Perla y, posteriormente, el barrio que creció sobre la barranca heredó esa misma denominación. La Rambla Norte también pasaría a ser conocida como Rambla La Perla.</p><p>Así, el nombre que actualmente identifica a uno de los sectores tradicionales de Mar del Plata tiene su origen concreto en aquel hotel de madera y conserva, al mismo tiempo, una llamativa conexión con la costa francesa de fines del siglo XIX.</p><p>Muy diferente es el caso de Punta Mogotes, cuya denominación nació de las características naturales del lugar.</p><p>Antes de que existiera el enorme complejo de balnearios que hoy domina el paisaje, ese punto de la costa estaba marcado por pequeñas elevaciones y formaciones que sobresalían del terreno. De esos “mogotes” surgió la denominación Punta de los Mogotes, posteriormente simplificada como Punta Mogotes.</p><p>Pero esa no fue siempre la única forma de reconocer el lugar. Antes de 1880 el sector era conocido como Lobería Grande, una denominación relacionada con la importante presencia de lobos marinos que poblaban esa parte del litoral. El antiguo nombre constituye un recuerdo de una costa todavía poco urbanizada, donde la fauna y las características naturales servían como referencias para identificar el territorio.</p><p>Con el tiempo, Punta de los Mogotes fue imponiéndose como denominación geográfica. Una muestra de su antigüedad es el histórico Faro Punta Mogotes, inaugurado el 5 de agosto de 1891, muchas décadas antes de la construcción del actual complejo turístico.</p><p>Los Troncos, por su parte, debe su nombre a una vivienda que terminó bautizando a toda una zona.</p><p>Durante la primera mitad del siglo XX se levantó allí una residencia conocida como Casa de Los Troncos, caracterizada por el empleo de grandes piezas de madera, entre ellas quebracho y lapacho provenientes del norte argentino.</p><p>Su aspecto hizo que se convirtiera en una referencia fácilmente reconocible en un sector que comenzaba a transformarse en una de las áreas residenciales más distinguidas de Mar del Plata. Poco a poco, decir "Los Troncos" dejó de ser solamente una forma de referirse a aquella propiedad.</p><p>Con la aparición de nuevos chalets y la urbanización de los alrededores, la denominación se extendió hasta terminar identificando al barrio. Las fuentes históricas presentan diferencias sobre el año exacto de construcción de la residencia, pero coinciden en vincular el origen del nombre de la zona con aquella particular vivienda.</p><p>Detrás de Chauvín, en cambio, aparece la historia de un hombre y de unos jardines que alguna vez ocuparon una enorme extensión de la ciudad.</p><p>José Francisco Chauvín era uruguayo e hijo de franceses. Durante las primeras décadas del siglo XX adquirió unas 18 hectáreas delimitadas aproximadamente por las actuales Juan B. Justo, Matheu, Córdoba y un sector comprendido entre Hipólito Yrigoyen y Mitre.</p><p>Chauvín era florista y convirtió aquellas tierras en un destacado espacio dedicado al cultivo de flores, plantas y árboles. Allí levantó también su vivienda, conocida como Villa Chauvín, y creó jardines con fuentes y estatuas que llegaron a convertirse en un lugar reconocido en la Mar del Plata de la época.</p><p>Su actividad estuvo estrechamente relacionada con las grandes residencias de las familias que veraneaban en la ciudad, para las que diseñaba jardines y proporcionaba flores y plantas.</p><p>Con el paso del tiempo, las tierras fueron urbanizadas y aquel enorme espacio verde desapareció casi por completo, pero el apellido de su propietario sobrevivió. Chauvín pasó de identificar una villa y sus jardines a convertirse en el nombre del barrio que se desarrolló sobre aquellas tierras. Parte del antiguo predio corresponde actualmente a la zona donde se encuentra el Hospital Privado de Comunidad.</p><p>Más al sur aparece Alfar, un caso en el que un emprendimiento turístico terminó modificando el nombre de toda una urbanización.</p><p>El barrio había nacido hacia fines de la década de 1940 bajo otra denominación: Barrio Faro Punta Mogotes. El proyecto fue impulsado por una sociedad que había adquirido una importante extensión de tierras al sur del faro, donde comenzaron a construirse chalets y distintos servicios destinados a acompañar el crecimiento turístico de esa zona costera.</p><p>Entre aquellas construcciones apareció un importante establecimiento hotelero y casino conocido como Alfar. El edificio se convirtió en una referencia tan reconocible que su nombre comenzó a extenderse al área circundante.</p><p>Finalmente, la denominación Alfar terminó desplazando en el uso cotidiano a Faro Punta Mogotes y pasó a identificar al barrio. De esta manera, un nombre asociado originalmente a un emprendimiento turístico quedó incorporado definitivamente a la geografía del sur marplatense.</p><p>Parque Luro conserva, en cambio, uno de los apellidos más ligados a los primeros tiempos de Mar del Plata.</p><p>Parte de las tierras sobre las que posteriormente se desarrolló el sector estuvieron vinculadas a María Luro de Elissathe Chevalier, hija de Pedro Luro. Este último tuvo un papel destacado en el crecimiento económico de la localidad durante las décadas posteriores a su fundación.</p><p>Con el avance de la ciudad hacia el norte, aquellas extensiones comenzaron a lotearse y poblarse, mientras que el apellido Luro permaneció asociado al lugar. Así terminó consolidándose la denominación Parque Luro.</p><p>A mediados del siglo XX la identidad barrial ya estaba claramente instalada: en 1947 existía la Sociedad de Vecinos Zona Parque Luro y poco después fue reconocida oficialmente la sociedad de fomento del sector.</p><p>Finalmente, Santa Cecilia permite retroceder prácticamente hasta el nacimiento mismo de Mar del Plata.</p><p>En 1873, un año antes de la fundación oficial de la ciudad, Patricio Peralta Ramos mandó construir una pequeña capilla en la entonces denominada Sierra de la Chacra. El templo fue levantado en memoria de su esposa fallecida, Cecilia Robles Olavarrieta, y quedó bajo la advocación de Santa Cecilia.</p><p>La construcción terminó desempeñando un papel fundamental en la formación de Mar del Plata. Cuando Peralta Ramos encargó al agrimensor Carlos de Chapeaurouge el trazado del futuro pueblo, la capilla fue utilizada como referencia para organizar el plano y establecer las calles.</p><p>La elevación comenzó a ser conocida como Loma de Santa Cecilia y el nombre del templo se extendió posteriormente al sector que se desarrolló a su alrededor. De allí proviene la denominación que todavía conserva esa parte del área fundacional.</p><p>La capilla, además, continúa en pie y es uno de los edificios históricos más antiguos de Mar del Plata. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1971.</p><p>Detrás de nombres que hoy parecen naturales aparecen, entonces, historias completamente diferentes. La Perla nació de un hotel inspirado en un establecimiento observado en Biarritz; Punta Mogotes tomó su denominación de la geografía después de haber sido conocida como Lobería Grande; Los Troncos heredó el nombre de una residencia; Chauvín, de los jardines de un florista; Alfar, de un emprendimiento turístico; Parque Luro, de una familia estrechamente vinculada con el desarrollo local; y Santa Cecilia, de una capilla dedicada a la esposa del fundador.</p><p>La ciudad cambió y gran parte de aquellos paisajes desapareció. Hoteles de madera, enormes jardines y extensiones prácticamente despobladas dieron lugar a edificios, avenidas y barrios densamente urbanizados.</p><p>Los nombres, sin embargo, sobrevivieron. Y cada vez que un marplatense habla de La Perla, Chauvín, Los Troncos o Punta Mogotes está pronunciando, quizás sin saberlo, una pequeña parte de la historia de Mar del Plata.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vSU6e9JVEzEfq4Vvsty9OYB4h-A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/chauvin.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La Perla, Los Troncos, Chauvín, Punta Mogotes, Alfar, Parque Luro y Santa Cecilia conservan en sus denominaciones rastros de antiguos hoteles, viviendas, familias, personajes y características naturales que marcaron distintas épocas del crecimiento local.]]>
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                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-09-06T19:11:25+00:00</updated>
                <published>2026-09-06T19:11:32+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: Santa Rosa de 1946, la tormenta que la ciudad nunca pudo olvidar
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pVpJ9HDC7UnQJOaa9lFS--kC1t4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/puerto_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Evelyn Marzoa</p><p>Entre el 29 y el 30 de agosto de 1946, un feroz temporal sorprendió a numerosas embarcaciones que habían salido a trabajar frente a las costas bonaerenses. Las reconstrucciones históricas describen fuertes vientos, un oleaje extraordinario y condiciones que rápidamente se volvieron imposibles para las pequeñas lanchas pesqueras de la época.</p><p>La historia de aquellos días permite reconstruir un Puerto muy diferente al que conocemos actualmente. Por entonces, la colonia pesquera estaba integrada por unas 250 lanchas y numerosas familias cuya vida cotidiana dependía estrechamente de lo que los hombres lograban obtener cada jornada en el mar.</p><p>La tragedia ocurrió, además, en un momento particular para la actividad. Una extensa huelga que había afectado el suministro de combustible acababa de finalizar y existía una fuerte necesidad de volver a trabajar. Por aquellos años, la captura del cazón había adquirido especial importancia económica debido al valor de su aceite de hígado, por lo que muchas embarcaciones se alejaban durante horas de la costa.</p><p>Durante aquella madrugada, el temporal alcanzó a la flota mientras muchas de las lanchas todavía permanecían en el agua.</p><p>Con el paso de las horas, la ausencia de varias embarcaciones comenzó a encender las alarmas en la banquina. Familias, compañeros y amigos aguardaban noticias mientras se intentaba determinar qué había ocurrido con los pescadores.</p><p>Entre las lanchas asociadas a la tragedia aparecen Pumará, Palma Madre, Happy Days, El Halcón y Quo Vadis. Las reconstrucciones históricas presentan algunas diferencias respecto del número definitivo de víctimas, aunque distintos registros periodísticos posteriores ubican el saldo en 31 pescadores muertos o desaparecidos.</p><p>Uno de los episodios más dramáticos se produjo cerca de Quequén, donde el Quo Vadis naufragó a unos 600 metros de la costa. Como consecuencia del siniestro, cinco de sus tripulantes perdieron la vida, mientras que otros dos lograron sobrevivir.</p><p>Mientras tanto, la incertidumbre continuaba. Aviones sobrevolaron la zona y distintas naves participaron de las tareas de búsqueda. Con el correr de los días aparecieron restos de embarcaciones destruidas, algunos de ellos dispersos a lo largo de varios kilómetros de costa.</p><p>También hubo noticias que devolvieron algo de esperanza. El Buenaventura, cuyo destino inicialmente se desconocía, consiguió llegar el 2 de septiembre al puerto de Montevideo con toda su tripulación a salvo.</p><p>La magnitud del desastre terminó trascendiendo los límites de la ciudad. En 1947 se sancionó la Ley Nacional 13.009, mediante la cual se estableció una ayuda económica destinada a los familiares de los pescadores y tripulantes muertos o desaparecidos durante el temporal del 29 y 30 de agosto de 1946.</p><p>Con el paso de las décadas, aquella catástrofe se convirtió en una de las páginas más dolorosas de la historia pesquera marplatense. Detrás de las cifras quedaron padres, hijos, hermanos y compañeros que habían partido para cumplir una jornada laboral y jamás pudieron regresar.</p><p>A 80 años de aquella madrugada, la tragedia de Santa Rosa continúa formando parte de la memoria del Puerto. El episodio recuerda una época en la que cientos de hombres se internaban diariamente en el océano a bordo de pequeñas embarcaciones de madera, enfrentándose a condiciones que podían cambiar de manera abrupta.</p><p>La historia permanece como testimonio de esa relación inseparable que Mar del Plata mantiene con el Atlántico: el mismo que durante generaciones dio trabajo y sustento a miles de familias y que, aquel invierno de 1946, protagonizó una de las jornadas más trágicas que recuerde la ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pVpJ9HDC7UnQJOaa9lFS--kC1t4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/puerto_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>A 80 años de uno de los episodios más dolorosos de la historia portuaria local, el violento temporal que azotó la costa dejó embarcaciones hundidas, decenas de víctimas y una herida que permanece en la memoria de la ciudad.]]>
                </summary>
                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-08-30T17:32:18+00:00</updated>
                <published>2026-08-30T17:28:30+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: detrás de las puertas de &quot;Los Gobelinos&quot;
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/APEQRBG96v1hMHnYBlP-cxBA004=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/gobelinos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Evelyn Marzoa</p><p>Quienes pasan habitualmente por la esquina de Falucho y Corrientes probablemente hayan reparado en una construcción que parece resistirse al paisaje urbano que creció a su alrededor. Rodeado de edificios y ubicado en un amplio terreno, el Chalet Rimaperi, mucho más conocido como “Los Gobelinos”, permanece como un testimonio de aquella Mar del Plata de grandes residencias y temporadas de verano.</p><p>La propiedad fue construida en 1941 para Pedro de Miguel Sáez, propietario de la reconocida casa de decoración Los Gobelinos, firma que funcionaba en Florida y Mitre, en la ciudad de Buenos Aires, y utilizaba el recordado lema “El hogar de los hogares”. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Luis Joaquín Moreno de Mesa, mientras que la construcción fue realizada por Pedro Antonio Salles e Hijos.</p><p>Su relación con Los Gobelinos fue mucho más profunda que el apodo con el que terminaría siendo conocida. La propia firma se ocupó del diseño de los interiores y del mobiliario de la residencia, convirtiendo la casa en una suerte de muestra privada del refinamiento decorativo de la época.</p><p>Una de las características más curiosas puede apreciarse incluso desde la calle. La residencia no fue construida siguiendo paralelamente las líneas de Falucho y Corrientes, sino que está implantada a 45 grados respecto de ambas calles, una decisión que le otorgó una presencia especialmente marcada sobre la esquina.</p><p>El terreno supera ampliamente el cuarto de manzana: posee aproximadamente 61,50 metros sobre Corrientes y 47,37 metros sobre Falucho, mientras que la superficie edificada ocupa cerca de un tercio del predio. La casa se desarrolla en tres plantas y posee una planta aproximadamente en forma de “T”, acompañada por distintos volúmenes. Uno de sus sectores más particulares corresponde al antiguo estar, resuelto mediante una forma curva que en el nivel superior se transforma en una terraza descubierta.</p><p>Arquitectónicamente pertenece al pintoresquismo de inspiración vasca, reconocible especialmente por sus cubiertas a dos aguas y sus faldones de longitudes asimétricas. Al encontrarse rodeada de espacio libre y no apoyarse sobre las medianeras, tipológicamente se la considera una villa.</p><p>Pero la casa también guarda curiosidades menos evidentes. Aunque generaciones de marplatenses la conocen simplemente como Los Gobelinos, la residencia posee otro nombre: Rimaperi.</p><p>Detrás de esa palabra aparentemente misteriosa existe una historia familiar. No corresponde a un lugar europeo ni a un apellido: el nombre fue construido a partir de fragmentos de nombres de integrantes de la familia de Pedro de Miguel Sáez. De esta manera, la denominación de la residencia quedó convertida en una especie de código familiar asociado para siempre a la propiedad.</p><p>El interior también conserva detalles artísticos que explican el nivel de sofisticación con el que fue concebida la casa. Entre ellos sobresale el vitral de la escalera, inspirado en La rendición de Breda, una de las obras más célebres de Diego Velázquez. No se trata, por lo tanto, de un chalet cuyo valor se limita a su fachada: buena parte de su riqueza se encuentra precisamente en los elementos decorativos que fueron pensados para sus ambientes.</p><p>Existen además registros que permiten observar cuánto cambió el entorno de la propiedad. La revista Arquitectura Gráfica, en una edición dedicada a Mar del Plata y Miramar publicada en 1943, mostró imágenes de Rimaperi apenas dos años después de su construcción. En aquellas fotografías puede verse el chalet sin el actual cerco perimetral, completamente expuesto hacia la calle y con sus jardines desempeñando un papel fundamental en la composición del conjunto.</p><p>Las imágenes permiten imaginar una escena muy distinta a la actual: una Mar del Plata de construcciones mucho más bajas, donde la enorme residencia dominaba la esquina y todavía no estaba rodeada por los edificios que décadas después modificarían por completo la fisonomía del sector.</p><p>La ciudad creció, aumentó la densidad del centro y muchas de las grandes residencias que caracterizaron determinados períodos de Mar del Plata fueron demolidas. Los Gobelinos, sin embargo, sobrevivió.</p><p>Su importancia arquitectónica obtuvo posteriormente reconocimiento oficial. El inmueble fue incorporado al listado de bienes de interés patrimonial del partido de General Pueyrredon, donde aparece identificado como “Chalet Rimaperi (Los Gobelinos)”.</p><p>Con el paso de los años, además, dejó atrás su función exclusivamente residencial y quedó vinculado al Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires. La Suprema Corte bonaerense adquirió el inmueble en 1999, y actualmente forma parte de las dependencias correspondientes al Departamento Judicial Mar del Plata.</p><p>La incorporación de la propiedad al patrimonio público abrió también la posibilidad de acercar su historia a los marplatenses. Distintas iniciativas oficiales han contemplado la realización de exposiciones, visitas guiadas, charlas, safaris fotográficos y actividades de difusión patrimonial, una oportunidad particularmente atractiva teniendo en cuenta que muchos conocen su exterior pero nunca han podido descubrir qué se esconde detrás de sus paredes.</p><p>Más de ocho décadas después de su construcción, Los Gobelinos continúa siendo una presencia singular en pleno centro marplatense. Mientras la ciudad se transformó a su alrededor, el chalet permaneció en la misma esquina, conservando la huella de una familia, de una prestigiosa casa de decoración y de una época en la que las grandes residencias eran concebidas hasta en el más pequeño detalle.</p><p>Quizás allí resida buena parte de su atractivo: Los Gobelinos no es solamente una vieja casona que sobrevivió al avance de los edificios. Entre sus jardines, vitrales, techos inclinados y habitaciones todavía permanece una parte de aquella Mar del Plata que el crecimiento de la ciudad fue borrando poco a poco.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/APEQRBG96v1hMHnYBlP-cxBA004=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/gobelinos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la esquina de Falucho y Corrientes se levanta una de las residencias más particulares del patrimonio arquitectónico de Mar del Plata. Construida en 1941, conserva una historia ligada a una prestigiosa firma de decoración, una arquitectura cuidadosamente pensada y detalles que todavía sorprenden.]]>
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                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-08-16T20:04:03+00:00</updated>
                <published>2026-08-16T19:53:48+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: Soriano, una figura de Mar del Plata fascinada por los felinos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ucnO7kUZCNFgb1VR-0XR_FzSbAk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/soriano.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Evelyn Marzoa</p><p>Este sábado 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Gato y, aunque a primera vista la fecha parece tener poco que ver con la historia de Mar del Plata, existe una conexión tan curiosa como literaria. Uno de los grandes escritores nacidos en la ciudad fue también un apasionado de estos animales: Osvaldo Soriano.</p><p>Nacido en Mar del Plata el 6 de enero de 1943, Soriano desarrolló a lo largo de su vida una relación muy especial con los gatos. No eran simplemente sus mascotas. Los felinos estuvieron vinculados a sus jornadas de escritura, aparecieron en sus textos y protagonizaron algunas de las anécdotas más recordadas sobre su vida.</p><p>Incluso el propio escritor los incorporó a la manera en que imaginaba cómo sería recordado después de su muerte.</p><p>“Yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna”, expresó alguna vez Soriano.</p><p>La frase fue recuperada años después por el Ministerio de Cultura de la Nación al recordar el aniversario de su nacimiento y resume una relación que excedía ampliamente el simple cariño hacia los animales.</p><p>De Mar del Plata a convertirse en uno de los escritores más leídos</p><p>Soriano pasó parte de su infancia y adolescencia entre distintas ciudades del país debido a los traslados laborales de su padre. Antes de dedicarse definitivamente a las letras tuvo diversos trabajos e incluso intentó abrirse camino como futbolista, deporte que se convertiría en otra de las grandes pasiones de su vida.</p><p>Finalmente encontró su lugar en el periodismo. Trabajó en publicaciones como Primera Plana y La Opinión y en 1973 publicó su primera novela, Triste, solitario y final, una particular historia que combinaba ficción, cine y personajes reales.</p><p>Después del golpe de Estado de 1976 abandonó Argentina y vivió varios años en Europa. Durante ese período escribió obras como No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de invierno. Con la recuperación democrática regresó al país y posteriormente se convirtió en una de las firmas emblemáticas de Página/12.</p><p>Sus libros consiguieron una popularidad poco habitual. Soriano se convirtió en uno de los escritores argentinos más vendidos de las décadas de 1980 y 1990, fue traducido a numerosos idiomas y varias de sus historias llegaron al cine.</p><p>Mientras construía aquella carrera, había una compañía que se repetía durante sus largas horas frente a la máquina de escribir: los gatos.</p><p>Gatos durante las madrugadas de escritura</p><p>Soriano era conocido por sus particulares horarios. Prefería trabajar durante la noche y podía permanecer escribiendo hasta entrada la madrugada. Los gatos formaban parte habitual de ese mundo nocturno.</p><p>Su fascinación por ellos también llegó a su literatura. De acuerdo con testimonios y trabajos dedicados a reconstruir su vida, llegó incluso a proyectar un ensayo sobre gatos que finalmente nunca publicó.</p><p>Una de las historias más llamativas está relacionada con su primera novela. El propio Soriano contó que un gato tuvo un papel inesperado mientras buscaba la manera de resolver Triste, solitario y final.</p><p>Para un hombre profundamente supersticioso, aquello no quedó reducido a una simple casualidad. Soriano parecía atribuirles a los felinos una sensibilidad particular y cierto misterio que los humanos no podían comprender del todo.</p><p>“Los gatos tienen poderes”</p><p>Quizás una de las anécdotas que mejor refleja esa fascinación fue protagonizada por su amigo y también escritor Antonio Dal Masetto.</p><p>Soriano había advertido que en algunos textos de Dal Masetto los gatos no terminaban precisamente bien. Según recordó posteriormente el escritor, Soriano lo reprendió por el destino que les daba a los animales y llegó a advertirle que de esa manera sus libros no tendrían éxito.</p><p>¿La razón? Soriano sostenía, entre la superstición y el humor, que los gatos tenían poderes y que no convenía meterse con ellos.</p><p>La advertencia fue tan efectiva que Dal Masetto contó que durante un tiempo llegó a modificar su comportamiento cuando encontraba algún gato durante la noche.</p><p>A Soriano también quedó asociada una frase que resume perfectamente el lugar que estos animales ocupaban en su universo: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”.</p><p>Para él, entonces, un felino podía ser mucho más que una mascota: compañero de madrugada, observador silencioso, personaje literario y hasta una misteriosa presencia capaz de intervenir en la suerte de las personas.</p><p>Fútbol, literatura y felinos</p><p>Si algo caracterizó a Soriano fue su capacidad para trasladar sus obsesiones personales a la literatura.</p><p>Una de ellas fue el fútbol. Era un apasionado hincha de San Lorenzo y ese amor aparece constantemente en sus cuentos y artículos. Otra fueron los gatos.</p><p>Su universo literario estuvo poblado de personajes solitarios, soñadores, perdedores, aventureros y hombres que parecían encontrarse ligeramente al margen del mundo. Dentro de ese escenario, los gatos encontraron un lugar casi natural: independientes, nocturnos y difíciles de descifrar.</p><p>Esa relación permite descubrir además una faceta íntima del escritor nacido en Mar del Plata. Detrás del periodista que observó algunos de los períodos políticos más convulsionados de Argentina y del novelista que escribió sobre el exilio, la violencia, el fútbol y las derrotas cotidianas, también estaba el hombre que podía pasar una madrugada frente a una máquina de escribir acompañado silenciosamente por un gato.</p><p>Una historia marplatense para recordar en el Día Internacional del Gato</p><p>Soriano murió en Buenos Aires el 29 de enero de 1997, a los 54 años. Para entonces había construido una obra que trascendió las fronteras argentinas y lo convirtió en uno de los escritores más populares de su generación.</p><p>Su figura quedó ligada para siempre al periodismo, la literatura, San Lorenzo, las noches de escritura y una particular combinación de humor y melancolía. Pero también a los animales que lo acompañaron durante buena parte de ese recorrido.</p><p>Por eso, este 8 de agosto, Día Internacional del Gato, Mar del Plata tiene una historia propia para recordar.</p><p>Es la de aquel escritor nacido junto al mar que estaba convencido de que los gatos tenían poderes, encontraba inspiración en su compañía y hasta imaginó que, una vez que él ya no estuviera, serían precisamente ellos los encargados de inventar su biografía mientras esperaba, sentado en la luna.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ucnO7kUZCNFgb1VR-0XR_FzSbAk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/soriano.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cada 8 de agosto se celebra una jornada dedicada a uno de los animales más populares del mundo. Mar del Plata guarda una particular conexión con esta fecha a través de Osvaldo Soriano, uno de sus escritores más reconocidos, cuya fascinación por los gatos atravesó su vida, sus noches de escritura y parte de su obra.]]>
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                                <updated>2026-08-08T18:16:08+00:00</updated>
                <published>2026-08-08T18:08:42+00:00</published>
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            Día Internacional de la Cerveza: cómo Mar del Plata se convirtió en un referente artesanal
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Vr3UBaR2gYW09GXsSc0FzPi8Hg0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/cerveza.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este viernes 7 de agosto se celebra el Día Internacional de la Cerveza, una fecha que surgió en Estados Unidos en 2007 y que actualmente se conmemora el primer viernes de agosto. En Mar del Plata, la efeméride tiene una particularidad: la ciudad construyó durante las últimas décadas una fuerte relación con la elaboración artesanal y llegó a posicionarse como uno de los principales polos del sector en Argentina.&nbsp;</p><p>La historia moderna de esta actividad en la ciudad comenzó a tomar forma durante la década de 1990. Uno de los hitos que suele señalarse como punto de partida ocurrió a mediados de aquella década, cuando pequeños productores empezaron a experimentar con elaboraciones caseras antes de dar el salto hacia proyectos de mayor escala. Con el paso de los años, aquella práctica que inicialmente se desarrollaba casi como un hobby comenzó a profesionalizarse.&nbsp;</p><p>El crecimiento fue acompañado por la aparición de fábricas, nuevos estilos y espacios dedicados a la elaboración y consumo. Con el tiempo, el fenómeno también modificó algunas zonas de Mar del Plata, donde la actividad gastronómica vinculada a la cerveza contribuyó al desarrollo de corredores comerciales que fueron ganando movimiento.&nbsp;</p><p>La importancia alcanzada por el sector quedó reflejada incluso en el Congreso Nacional. En 2016 se presentó un proyecto de ley para declarar a Mar del Plata “Capital Nacional de la Cerveza Artesanal”. En sus fundamentos se señalaba que la ciudad llevaba más de dos décadas consolidándose como un punto relevante para esta producción. En ese momento, el proyecto estimaba una elaboración mensual de alrededor de 500 mil litros, equivalente entonces a cerca de un tercio del total nacional.&nbsp;</p><p>Durante los años siguientes, la actividad continuó desarrollándose y sumó productores, conocimientos técnicos y nuevas formas de elaboración. En 2025, referentes del sector describían a Mar del Plata como un polo nacional de cerveza artesanal, luego de un proceso que atravesó una etapa inicial de fuerte expansión y posteriormente una mayor regulación y consolidación.</p><p>Pero el crecimiento también atravesó dificultades. Durante el invierno de 2025, desde la Cámara de Cervecerías de Mar del Plata señalaron una caída cercana al 20% en el consumo, superior a la registrada habitualmente en esa época del año. El escenario mostraba que, más allá de la instalación cultural que alcanzó la actividad, el sector también está condicionado por los cambios económicos y los hábitos de consumo.</p><p>La relación de Mar del Plata con la cerveza artesanal ya excede, de esta manera, la presencia de bares o un producto gastronómico puntual. Su desarrollo involucró elaboración local, generación de empleo, capacitación y una cultura cervecera que fue creciendo durante aproximadamente tres décadas.</p><p>Por eso, el Día Internacional de la Cerveza encuentra a Mar del Plata con una historia particular para contar: lo que comenzó como una producción de pequeña escala terminó convirtiéndose en otro de los rasgos asociados a la identidad productiva y gastronómica de la ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Vr3UBaR2gYW09GXsSc0FzPi8Hg0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/cerveza.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cada primer viernes de agosto se celebra esta bebida en todo el mundo. En la ciudad, su elaboración independiente comenzó a ganar terreno hace tres décadas y terminó transformándose en una actividad ligada a la identidad gastronómica, el empleo y la producción marplatense.]]>
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                                <updated>2026-08-07T14:04:38+00:00</updated>
                <published>2026-08-07T14:04:35+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: el día en que Mar del Plata tuvo el tren más elegante del país
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S65Tsum8iN3S2S9E_OLLv0ER_m4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/07/tren_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hubo un tiempo en que llegar a Mar del Plata era mucho más que trasladarse de un punto a otro. El viaje comenzaba en el andén de la estación Plaza Constitución, donde pasajeros vestidos con sus mejores prendas eran recibidos por maleteros y azafatas para abordar uno de los trenes más exclusivos que circularon por la Argentina: El Marplatense, una formación que durante décadas fue sinónimo de velocidad, confort y elegancia.&nbsp;</p><p>Aunque su nombre quedó ligado para siempre a la ciudad, la historia de este tren comenzó lejos del país. A mediados de la década de 1940, la empresa estadounidense Budd Company construyó una serie de modernos coches de acero inoxidable destinados a la compañía Chesapeake &amp; Ohio Railway. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a concretarse y las unidades quedaron sin uso. Años después, el Estado argentino las adquirió a un precio muy inferior al original, incorporándolas al sistema ferroviario nacional.&nbsp;</p><p>Antes de llegar a Mar del Plata, aquellos coches prestaron servicio en la línea que unía Buenos Aires con Mendoza bajo el nombre de El Aconcagua. Poco después fueron trasladados al entonces Ferrocarril General Roca y adaptados para el recorrido entre Constitución y la ciudad balnearia. El 9 de noviembre de 1951 realizaron su viaje inaugural hacia Mar del Plata, un acontecimiento que reunió a periodistas, autoridades, representantes del turismo e invitados especiales. El tren partió a las 7 de la mañana y arribó a destino a las 11:55, demostrando que era posible unir ambas ciudades en menos de cinco horas.&nbsp;</p>Viaje inagural (1951)<p>Con el correr de los años, el servicio perfeccionó sus tiempos hasta alcanzar el eslogan que todavía muchos recuerdan: "A Mar del Plata en cuatro horas y un ratito". Aquella publicidad se convirtió en una de las campañas más recordadas de la historia ferroviaria argentina y reflejaba una realidad: el expreso realizaba el recorrido en aproximadamente cuatro horas gracias a su prioridad de circulación y a las prestaciones técnicas de la formación.&nbsp;</p><p>Para la época, el nivel de confort era extraordinario. Los coches de acero inoxidable ofrecían amplios asientos reclinables, aire acondicionado (una rareza en los años cincuenta), doble vidrio, iluminación moderna, coche comedor y un sistema de suspensión que reducía notablemente las vibraciones, permitiendo un viaje mucho más silencioso y estable que el de cualquier otra formación de larga distancia del país. Durante más de cuatro décadas fue además el único tren argentino de trocha ancha equipado con frenos de aire, una innovación que mejoraba tanto la seguridad como la suavidad de la marcha.</p><p>Inicialmente fue remolcado por locomotoras a vapor especialmente adaptadas y, posteriormente, por las célebres locomotoras diésel "Justicialista", de fabricación nacional, consideradas entre las más modernas de su tiempo. La combinación entre el nuevo material rodante y esas locomotoras permitió alcanzar velocidades que posicionaron al servicio entre los más rápidos de Sudamérica.&nbsp;</p><p>Durante las décadas de 1950, 1960 y buena parte de los años 70, El Marplatense fue el transporte elegido por empresarios, artistas, familias y turistas que viajaban cada verano hacia "La Feliz". Para muchos, el viaje era una experiencia en sí misma: se almorzaba en el coche restaurante, se contemplaba la llanura bonaerense desde los grandes ventanales y se llegaba descansado a un destino que vivía el auge de sus temporadas estivales. El tren acompañó el crecimiento de Mar del Plata como principal centro turístico del país y terminó convirtiéndose en uno de sus grandes símbolos.&nbsp;</p><p>Con el paso del tiempo, el avance del automóvil, la expansión del transporte aéreo y el deterioro progresivo del sistema ferroviario fueron restándole protagonismo. Durante la década de 1990 el servicio comenzó a perder parte del esplendor que lo había caracterizado y muchas de sus locomotoras y coches dejaron de recibir el mantenimiento necesario. Aun así, sobrevivió durante varios años más y siguió despertando admiración entre los aficionados al ferrocarril.&nbsp;</p><p>El histórico servicio dejó de circular definitivamente en 2015. Hoy, varios de sus emblemáticos coches Budd permanecen preservados en los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada, donde esperan una restauración que les permita volver a ser exhibidos como parte del patrimonio ferroviario argentino. Aunque ya no recorra los rieles hacia la costa, El Marplatense sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva como el tren que transformó un simple traslado en una experiencia de lujo y que ayudó a consolidar a Mar del Plata como el gran destino turístico del país.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S65Tsum8iN3S2S9E_OLLv0ER_m4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/07/tren_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Durante más de medio siglo, una formación ferroviaria de lujo convirtió el viaje desde Buenos Aires en parte de las vacaciones. Con coches de acero inoxidable, restaurante, azafatas y un tiempo récord de apenas cuatro horas, El Marplatense marcó una época dorada que todavía despierta nostalgia.]]>
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                                <updated>2026-07-26T21:29:49+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T21:29:54+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: el día que la ciudad tuvo dos intendentes al mismo tiempo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDENLgLaHbMmMBkUA92o_lfxxlA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dos_intendentes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1929, Mar del Plata vivió uno de los episodios más singulares y tensos de su historia política: durante varios días, dos intendentes ejercieron el poder en simultáneo dentro del mismo municipio, en medio de una crisis que combinó maniobras políticas, fallos judiciales contradictorios y una fuerte presión social.</p><p>El escenario estaba dominado por la consolidación del socialismo local, que desde comienzos de la década de 1920 venía imponiéndose de manera sostenida en las urnas. Al frente de ese proceso se encontraba Teodoro Bronzini, una figura central de la política marplatense, que había logrado consolidar una base de apoyo popular y una mayoría en el Concejo Deliberante.</p><p>A lo largo de esos años, los triunfos socialistas se repitieron elección tras elección, lo que generó un creciente malestar en los sectores opositores, particularmente en el radicalismo y otros espacios con influencia en la provincia de Buenos Aires. Ante la dificultad de revertir ese escenario por la vía electoral, comenzaron a gestarse estrategias alternativas para desplazar al oficialismo del poder.</p><p>El punto de quiebre llegó en 1929, cuando se impulsaron denuncias contra la gestión de Bronzini por supuestas irregularidades en el padrón electoral. A partir de esas acusaciones, se avanzó en su remoción del cargo mediante una decisión administrativa que lo dejó fuera de la intendencia.</p><p>Lejos de aceptar la medida, Bronzini inició una ofensiva política y judicial para revertir la situación. Mientras recorría la provincia denunciando lo que consideraba una maniobra en su contra, presentó recursos ante la Justicia con el objetivo de recuperar su cargo. En ese contexto, un fallo judicial terminó dándole la razón y ordenó su restitución como intendente.</p><p>Sin embargo, para entonces la situación ya había escalado. Durante su ausencia, el dirigente radical Francisco Portas, quien se desempeñaba como presidente del Concejo Deliberante, asumió el control del Ejecutivo municipal con respaldo de sectores opositores. Su llegada al poder terminó de configurar un escenario inédito: dos intendentes reclamando simultáneamente la legitimidad del cargo.</p><p>De este modo, mientras Bronzini contaba con el aval judicial para retomar sus funciones, Portas sostenía su autoridad en el gobierno local apoyado en la estructura política que lo respaldaba. La convivencia de ambas figuras en el mismo esquema institucional derivó en un verdadero conflicto de poderes.</p><p>La ciudad quedó así sumida en una crisis sin precedentes, con decisiones cruzadas, autoridades en disputa y un clima de creciente incertidumbre. El episodio escaló hasta habilitar la intervención del gobierno provincial, en un intento por restablecer el orden institucional.</p><p>En paralelo, la tensión se trasladó a las calles. La figura de Bronzini, lejos de debilitarse, se fortaleció entre amplios sectores de la población. Su regreso a la ciudad, tras conocerse el fallo favorable, desató una movilización masiva: miles de vecinos se congregaron para recibirlo, en una demostración de apoyo que evidenció su peso político y simbólico.</p><p>La presión popular se convirtió en un factor clave en la dinámica del conflicto. La escena de una multitud acompañando al dirigente, incluso en momentos de máxima tensión institucional, reflejó no solo la polarización política de la época, sino también el grado de involucramiento ciudadano en la defensa de sus representantes.</p><p>La legitimidad terminó inclinándose a favor de Bronzini, respaldado por la Justicia y por la fuerte movilización popular que exigía su restitución. Así recuperó el control de la intendencia y el episodio se cerró con su continuidad en el cargo.</p><p>La crisis dejó una marca profunda en la historia de Mar del Plata. Más allá de su desenlace, el episodio evidenció las tensiones entre legalidad y legitimidad, así como los límites de las disputas políticas cuando escalan a niveles institucionales.</p><p>Con el paso del tiempo, la figura de Bronzini quedó asociada a ese momento como uno de los liderazgos más influyentes de la ciudad, mientras que el rol de Portas terminó siendo clave para entender cómo se configuró uno de los conflictos políticos más singulares de la historia argentina a nivel local.</p><p>A casi un siglo de aquellos hechos, el caso sigue siendo recordado como una rareza institucional y, al mismo tiempo, como un ejemplo de cómo las disputas de poder pueden derivar en situaciones límite, donde la política, la Justicia y la sociedad se entrelazan de manera decisiva.</p><p>&nbsp;</p><p>Por Evelyn Marzoa.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDENLgLaHbMmMBkUA92o_lfxxlA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dos_intendentes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En 1929, la ciudad atravesó un conflicto institucional único, con dos jefes comunales en funciones simultáneas, decisiones judiciales en disputa y una movilización popular que marcó época.]]>
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                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-03-29T13:25:03+00:00</updated>
                <published>2026-03-29T13:00:00+00:00</published>
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            El Rincón Marplatense: &quot;La huelga de las bicicletas&quot;
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rO6yIfW2qe5ZOajxvp2ez48yotQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/03/el_rincon_marplatense.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante la década de 1940, Mar del Plata era conocida popularmente como “la ciudad de las bicicletas” (apodo que más adelante heredaría la ciudad de Miramar, pero por otros motivos). El apodo no era casual: miles de obreros de la construcción se trasladaban diariamente en ese medio de transporte hacia sus lugares de trabajo, formando extensas caravanas que atravesaban las calles de la ciudad.&nbsp;</p><p>El fenómeno estaba ligado al crecimiento acelerado que vivía la ciudad. Según estadísticas de la Unión Obrera Local, más de 20.000 trabajadores estaban vinculados a la construcción de edificios. A comienzos de los años 50, la sanción de la Ley de Propiedad Horizontal impulsó aún más ese desarrollo y consolidó a Mar del Plata como una de las ciudades donde más se edificaba en el mundo.&nbsp;</p><p>Las bicicletas ocupaban un lugar central en esa dinámica urbana. Las columnas de trabajadores circulaban por el centro y se volvían aún más numerosas al confluir en las avenidas Luro y Colón, verdaderas arterias por donde transitaba el movimiento cotidiano de la ciudad.&nbsp;</p>Astor Piazzolla en bicicleta junto a su primer esposa en el Paseo Jesús de Galíndez, año 1944.<p>Aquellas caravanas, diversas y bulliciosas, representaban una postal característica: una multitud heterogénea de trabajadores que convertía el trayecto al empleo en una especie de celebración colectiva del trabajo y de la vida.&nbsp;</p><p>La situación cambió abruptamente tras el movimiento militar del 4 de junio de 1943. Luego de ese episodio, el gobierno provincial designó como comisionado en el partido de General Pueyrredon al coronel retirado Teodolino Linares.&nbsp;</p><p>En noviembre de ese mismo año, el funcionario firmó un decreto que establecía el pago de una patente anual de 6,50 pesos por cada bicicleta que circulaba en la ciudad. La medida afectaba directamente a miles de trabajadores que dependían de ese vehículo para trasladarse a sus empleos.</p><p>La reacción de los marplatenses fue inmediata. El desconcierto y la indignación se extendieron rápidamente entre la población, que interpretó la disposición como un acto recaudatorio injustificado.</p><p>Los gremios reaccionaron con rapidez. Encabezados por la Unión Obrera Local, las organizaciones sindicales y los gremios autónomos solicitaron al comisionado la derogación del decreto. Sin embargo, al no recibir respuesta favorable, Linares anunció una huelga de 24 horas.</p><p>Antes de que la medida se concretara, el conflicto escaló. Siguiendo órdenes del comisionado, la policía allanó la sede de la Unión Obrera Local y de otros sindicatos, detuvo a unos veinte dirigentes y los trasladó a los calabozos de la Jefatura de Policía de La Plata. Además, los locales partidarios fueron clausurados.</p><p>La decisión generó un efecto contrario al buscado. Lejos de frenar el reclamo, provocó que se declarara una huelga por tiempo indeterminado hasta lograr la anulación del impuesto a las bicicletas y la liberación de los detenidos.</p><p>El paro fue total y se acató de manera unánime durante 18 días. La ciudad quedó paralizada, lo que obligó incluso a suspender actos oficiales previstos para el inicio de la temporada de verano.</p><p>Durante esas jornadas, la diagonal Pueyrredón y Bolívar se convirtió en un punto de encuentro permanente. Allí funcionaba la llamada “Casa del Pueblo”, donde se instaló el centro de la protesta y donde se reunían diariamente grandes cantidades de huelguistas.</p><p>Finalmente, tras largas jornadas de tensión e incertidumbre, el comisionado dio marcha atrás. El decreto que establecía el patentamiento de las bicicletas fue anulado y los dirigentes sindicales recuperaron la libertad.</p><p>La llamada “huelga de las bicicletas” quedó registrada como uno de los episodios más trascendentes en la historia social de Mar del Plata. No solo por la magnitud del paro, sino porque el reclamo trascendía lo económico: también defendía lo que los trabajadores consideraban un derecho adquirido.</p><p>En aquellos años, el gremio de la construcción era uno de los más numerosos de la ciudad, junto con el de los trabajadores del pescado. A nivel nacional dependía de la Federación Obrera Nacional de la Construcción, cuyo secretario general era Héctor de los Reyes.&nbsp;</p><p>Años más tarde, en 1948, el gremio marplatense logró concretar un histórico convenio colectivo que estableció por primera vez en el país el salario vital y móvil, posteriormente incorporado a la Constitución tras la reforma de 1949.</p><p>Ese avance despertó la admiración de sindicatos de todo el país, que comenzaron a solicitar los detalles del acuerdo para replicar sus beneficios. Para el movimiento obrero local, significó un salto importante en la legislación laboral.</p><p>Con el paso del tiempo, el crecimiento del movimiento obrero marplatense y su fuerte conducción sindical consolidaron el prestigio que el sector ya había ganado en el ámbito nacional. Por eso, tanto las históricas huelgas de los trabajadores del pescado como la recordada protesta de “las bicicletas” forman parte inseparable de los grandes hitos del sindicalismo argentino.</p><p>En contraste, del comisionado Linares poco más se supo después de aquellos acontecimientos. Su gestión quedó marcada por decisiones contradictorias y medidas consideradas arbitrarias, que generaron malestar y confusión en una ciudad hasta entonces tranquila.</p><p>Como resumieron algunos contemporáneos de la época, a su paso por la administración local parecía aplicarle una vieja fórmula: “Dios y la Patria se lo demanden”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rO6yIfW2qe5ZOajxvp2ez48yotQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://elmarplatensecdn.eleco.com.ar/media/2026/03/el_rincon_marplatense.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En esta primera entrega de la sección dedicada a la ciudad costera, abordaremos la historia de cuando, en de la década del 40, miles de obreros de la construcción recorrían Mar del Plata en bicicleta para ir a trabajar, hasta que una medida del gobierno provincial buscó cobrar un impuesto a cada rodado y desató indignación: detenciones y una huelga total que quedó marcada como un episodio clave en la historia social local.]]>
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                                                <category term="el-rincon-marplatense" label="El Rincón Marplatense" />
                                <updated>2026-03-19T18:08:23+00:00</updated>
                <published>2026-03-15T18:29:44+00:00</published>
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